La liturgia de la Palabra propone hoy las lecturas de Sab 12,13.16-19, Rom 8,26-27 y Mt 13,24-43. El pasaje del evangelio recoge tres nuevas parábolas de Jesús agrupadas en el «discurso parabólico»: la parábola del trigo y la cizaña (v. 24-30), propia de Mt, y las de la semilla de mostaza (v. 31-32) y la levadura (v. 33), que tienen paralelos en Mc 4,30-32 y Lc 13,18-21.
1. La parábola de la cizaña (v. 24-30)
a) El contexto de la parábola
La primera parábola es la de la cizaña sembrada por un enemigo en un campo de trigo. Entre los sinópticos es propia del evangelio de Mateo, pero tiene un paralelo en el Evangelio gnóstico de Tomás 57. Está en estrecha relación con la del sembrador, aunque su temática es diferente. Es también la primera de seis parábolas que tienen un comienzo semejante: «El Reino de los cielos se parece a…», con lo cual se pone el acento en la centralidad que ocupa el Reino en la predicación de Jesús. Por otra parte, hay que aclarar que la introducción a la parábola: «El Reino de los cielos se parece a un hombre» es en realidad una fórmula acortada, que se presta a un equívoco, pues en realidad el Reino de Dios no es semejante a un hombre, sino que «es semejante (a lo que sucedió) a un hombre que…». Con esto queda claro que el punto de comparación de la parábola no es el hombre, sino la siembra, y la siega que se llevará a cabo en su momento. Como sucedía con la parábola del sembrador, ésta también está construida en forma de sandwich: exposición de la parábola (v. 24-30), parábolas del grano de mostaza y de la levadura (v. 31-35), explicación de la parábola de la cizaña (v. 36-43).
b) La siembra de la buena semilla (v. 24)
La parábola comienza dando el detalle de que el dueño de un campo sembró buena semilla de trigo. Dos detalles destacan aquí. En primer lugar, dado que luego se dice que este hombre tiene criados (v. 27), parece un tanto inverosímil que sea él mismo quien siembra. Este dato prepara el camino de la explicación que más tarde dará Jesús acerca de quién es este sembrador, y por qué es él quien siembra. El segundo detalle es la precisión de que se trata de una semilla buena, lo que prepara también la sorpresa de los siervos del hombre ante la aparición de la cizaña, que marca en cierto modo el clímax de la parábola (v. 27b). El hecho de que se mencione cinco veces la cizaña indica el protagonismo que tiene en la moraleja de la parábola.
c) La aparición de la cizaña (v. 25)
Mientras los hombres que llevan a cabo la siembra duermen, probablemente en alguna choza en el mismo campo, un enemigo (lit. su enemigo) siembra cizaña entre el trigo. Este detalle introduce una desemejanza con la realidad, pues en la vida real la cizaña no se siembra sino que aparece de manera espontánea en medio del trigo. Pero en esta desemejanza se encuentra precisamente uno de los puntos claves de la enseñanza de Jesús. Varios otros detalles conviene subrayar. El primero es la maldad que supone sembrar cizaña en el campo de un vecino, que sólo se puede explicar porque se trata de su enemigo, de alguien que le odia. La voluntad maliciosa de este enemigo se intensifica por el hecho de que la siembra la hace de noche, es decir, con nocturnidad y alevosía, mientras los trabajadores duermen. Otro detalle es que siembra cizaña, que es una gramínea de tallo y espiga muy semejantes al trigo, con lo que es fácil confundirla con él, hasta que no aparece la espiga granada. Y además invade un terreno que no es suyo, sofocando así el desarrollo y el crecimiento del trigo. Además, la intención maliciosa del enemigo se pone de manifiesto en que la harina de la cizaña es venenosa y puede contaminar la harina del trigo, provocando un grave riesgo de salud. No en balde su nombre científico es lolium temulentum, es decir, cizaña embriagadora, borracha, intoxicante. [Es interesante notar que en francés cizaña es ivraie, de la misma raíz verbal que ivre, borracho, e ivresse, borrachera, derivados a su vez del latín ebrius.] Una vez segada, separada del trigo, secada y atada en gavillas, en Palestina la cizaña se usaba como material combustible. Frente a la preocupación de los criados y la prisa por arrancar la cizaña, aparece la sabiduría y la paciencia del dueño: sabe que la precipitación no es buena consejera, porque puede llevarse por delante también el trigo junto con la cizaña, es preferible esperar hasta el momento final de la siega (v. 28-30).
d) La enseñanza de la parábola (v. 36-43)
En la explicación que ofrece Jesús (v. 36-43) hay un detalle a tener en cuenta. Que, aunque la parábola la ha expuesto ante toda la gente, la explicación la da sólo a los discípulos, en casa, a petición de los propios discípulos. Se trata, por tanto, de una enseñanza que, como en otras ocasiones, Jesús reserva para los suyos. Los rasgos alegorizantes de la parábola facilitan su comprensión desde el punto de vista escatológico. El Hijo del hombre, Jesús, ha sembrado en el campo del mundo la buena semilla de los «hijos del Reino», es decir, aquellos que han acogido el Reino que Él ha traído (v. 37-38a), pero su Enemigo, el diablo, ha sembrado la cizaña, otros, los llamados «hijos del Maligno» (v. 38b). Esto explica el detalle de la desemejanza que existe entre la parábola y la realidad: que la cizaña no ha aparecido de manera espontánea sino por la voluntad del Maligno, que la siembra para entorpecer el crecimiento y desarrollo del Reino de Dios y de sus partidarios. La cizaña son los «hijos del Maligno», que es un semitismo para referirse a sus adeptos, partidarios o seguidores, porque reconocen la paternidad del que es «el padre de la mentira» (Jn 8,44). En este momento de la historia unos y otros deben convivir juntos. Y por ser tan parecida al trigo, la cizaña, es decir, los «hijos del Maligno», pueden camuflarse entre los «hijos del Reino» y hacerse pasar por ellos. Hay que estar alerta para no dejarse engañar y ponerlos al descubierto. Incluso los «hijos del Reino» deberán sufrir el acoso y atosigamiento de los «hijos del Maligno», y de este modo se pondrá a prueba su fidelidad y su perseverancia, y será la ocasión de manifestar la fortaleza de su amor al Reino. En su sabiduría inescrutable Dios ha querido que trigo y cizaña, buenos y malvados, justos y pecadores, inocentes y culpables, convivan juntos; ha tomado la opción de la paciencia, de esperar sin precipitarse. Por causa del trigo, la cizaña es guardada hasta la siega (Afraates, Demostración XIV,15). Aunque exista el riesgo de que los justos se dejen seducir por los injustos, Dios ha preferido dar tiempo a que los malvados, por el ejemplo de vida de los buenos, puedan cambiar de conducta. Dios es paciente porque quiere dar la oportunidad de la conversión (cf 2Pe 3,9), pues la paciencia en Dios es un atributo unido a su misericordia (cf Éx 34,6; Sal 86,15; 103,8). En cualquier caso, al final de los tiempos, en el momento determinado por Dios, cuando haya llegado el tiempo de la recolección, se pondrá de manifiesto el distinto final que aguarda a los justos y a los malvados.
La imagen del fuego es usada por Jesús en otras ocasiones para hablar del terrible destino de los que se han cerrado a su mensaje de salvación (cf Mt 13,50; 18,8; 25,41). En cambio, tomando palabras de Dan 12,3, Jesús anuncia que «los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (v. 43).
2. Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura (v. 31-33)
Las dos parábolas que aparecen incrustadas en medio de la parábola de la cizaña tienen un tema común: la pujanza del Reino de Dios en el mundo siendo tan humilde como un grano de mostaza o un poco de levadura en la masa.
a) El grano de mostaza (v. 31-32)
En Palestina la semilla de la mostaza (griego, sínapi) era reconocida por su insignificancia (cf. Mt 17,20; Lc 17,6; Nid 5,2). Aunque la mostaza es pequeña, puede convertirse en un arbusto que crece hasta alcanzar entre dos y tres metros, altura que le permite cobijar nidos de pájaros, como si fuera un frondoso cedro (cf Ez 31,3-9; Sal 104,16-17). La mención de los pájaros es una alusión a las gentes sencillas y humildes, entre ellas los discípulos, que han acogido el Reino de Dios y encuentran en él cobijo y protección. El Sal 84,1-5 compara al fiel israelita que anhela los atrios del Señor con los pájaros que ponen sus nidos en los altares del templo.
b) La levadura en la masa (v. 33)
La parábola de la levadura, la más breve del evangelio, cuya protagonista es una mujer, pone el acento, además de en su pequeñez o poquedad, en el silencio con el que actúa en la masa. También subraya Jesús el contraste entre lo poco que es y la abundancia que produce el Reino. La mujer esconde la levadura (griego, zymê) en tres medidas (griego, sáton; hebreo, se’ah) (cf Gén 18,6) de masa de harina, que equivalen a unos 40 kilos, lo que daría de comer a unas ciento cincuenta personas. Eso sería como celebrar un gran banquete. Hay una gran desproporción entre el poco de la levadura y la masa en la que de manera oculta actúa. Esa ingente cantidad da a entender que Jesús se refiere al mundo entero, como deja entrever el número tres, número completo, y como enfatiza el complemento «todo». Es significativo que Jesús dice que «ha sido fermentado todo», usando la pasiva divina, que prepara la enseñanza de la parábola: Es Dios quien con la levadura del Reino hace fermentar la masa del mundo. Dios trabaja a largo plazo y, aunque parezca imposible por su debilidad, el Reino se abre paso en el mundo de manera escondida, silenciosa, como la levadura en la masa. ¡Qué alegría y qué privilegio saber que Dios nos ha dejado como levadura del Reino en medio del mundo!
¡FELIZ DOMINGO!