Domingo XXI del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario

|

Ciclo A

Esto dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto,
te destituirán de tu cargo.
Aquel día llamaré a mi siervo,
a Eliaquín, hijo de Esquías,
le vestiré tu túnica,
le ceñiré tu banda,
le daré tus poderes;
será padre para los habitantes de Jerusalén
y para el pueblo de Judá.
Pongo sobre sus hombros
la llave del palacio de David:
abrirá y nadie cerrará;
cerrará y nadie abrirá.
Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro,
será un trono de gloria para la estirpe de su padre».

Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

El Señor es sublime, se fija en el humilde
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?
Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Señor, haznos dignos de entrar en tu Reino

La liturgia de la Palabra propone hoy las lecturas de Is 22,15.19-23, Rom 11,33-36 y Mt 16,13-20. El pasaje del evangelio tiene paralelos en Mc 8,27-30 y Lc 9,18-21, en relatos más breves que no recogen las palabras de Jesús a Pedro. El pasaje puede dividirse en dos partes: la pregunta de Jesús acerca de sí mismo con la confesión de Pedro (v. 13-16) y la respuesta de Jesús con la concesión del primado a Pedro (v. 17-20).

 

1. La confesión de Pedro (v. 13-16)

a) El lugar de la confesión
Mateo y Marcos coinciden en ubicar el acontecimiento en la región de Cesarea de Filipo. Es la región situada al norte de Galilea, en las estribaciones del monte Hermón y muy cercana a las conocidas como fuentes del Jordán. Era un territorio especialmente rocoso. El nombre antiguo de la ciudad era Paneas o Panias (hoy Banias), un lugar donde existía una cueva santuario de culto al Dios Pan. La ciudad, que había sido cedida por Augusto a Herodes el año 20 a. C., fue restaurada por el tretarca Filipo, hijo de Herodes, que le dio el nombre de Cesarea, en honor de César Augusto, y Filipo, como homenaje a su fundador y para diferenciarla de otras ciudades que llevaban el mismo nombre, por ejemplo, Cesarea Marítima. En Lc 9,18 no hay una localización concreta, sino un momento en que Jesús estaba orando.

b) La doble pregunta de Jesús (v. 13-15)
Tras la indicación del lugar Mateo refiere la primera pregunta de Jesús, de tono general: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» (v. 13b). Desde el punto de vista de la lengua de Jesús, el arameo, la pregunta encierra un juego de palabras: «¿Quién dicen (los hijos de) los hombres (bnay ’nasha’) que es el Hijo del hombre (bar ’nasha’)?». La expresión «Hijo del hombre» puede entenderse de dos modos. Por una parte, es equivalente al pronombre personal yo, de modo que Jesús preguntaría: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?», como aparece en los paralelos de Mc 8,27 y Lc 9,18. Por otra parte, la expresión «Hijo del hombre» podría interpretarse como una referencia al personaje del que habla Dan 7, y que en la literatura apocalíptica se esperaba como el que derrocaría a los reyes de sus tronos en favor de Israel (cf 1Henoc 46,1-5).

Los discípulos, que están en contacto con la gente, responden con diferentes opiniones: unos piensan que se trata de Juan el Bautista, a quien algunos consideraban que había revivido (cf Mt 14,2); otros creen que es el profeta Elías, que había sido arrebatado al cielo en un carro de fuego (cf 2Re 2,11) y cuya vuelta anunciaba la llegada del Mesías (cf Mal 3,23; Mt 17,10-13); otros opinan que se trata de Jeremías, que era tenido por uno de los grandes profetas de Israel (v. 14). En cualquier caso, la gente ve a Jesús como alguien con autoridad profética (cf Mt 21,11: entrada en Jerusalén).

Una vez conocidas las distintas opiniones, Jesús les pregunta de manera directa, incisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 15). Una pregunta como un dardo que va directa al corazón y que espera una respuesta desde el corazón. Una pregunta que ha quedado para siempre en el aire y llega a cada uno para poner al descubierto quién es Jesús para nosotros. Una pregunta que urge una respuesta, pues en ella está en juego la vida. Como en otras ocasiones, Pedro toma la delantera para responder: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (v. 16). La respuesta de Pedro no es sólo una confesión de fe desde una perspectiva judía porque identifica a Jesús como el Mesías de Israel, sino que va más lejos, pues le confiesa como «el Hijo de Dios vivo», es decir, el Dios que es la Vida y da la vida (Deus vivus et vivificans). Pedro se hace portavoz de aquellos que reconocen a Jesús como el esperado de los hombres que da pleno sentido a la vida de parte de Dios. Además, con su confesión Pedro anticipa la de Marta (cf Jn 11,27) y ayuda la nuestra: Jesús no es un rabino ni un profeta ni un filósofo, sino el Hijo de Dios, que trae a vida.

La confesión de Pedro encuentra una respuesta inesperada de parte de Jesús en forma de bienaventuranza: Pedro es bienaventurado porque ha sido como un profeta que ha hablado por inspiración del Padre (v. 17).

c) Las promesas de Jesús (v. 18-19)
Junto a la nueva bienaventuranza Jesús hace varios anuncios a Pedro que conllevan una serie de promesas. El primero es que Jesús le cambia el nombre. El que era conocido como Simon bar Iôna (cf Jn 1,40; 21,15-17), pasa a llamarse ahora en arameo Kêfa’, roca, piedra, en griego Pétros, forma masculina derivada de pétra (cf Jn 1,42). El cambio de nombre es importante, pues en la mentalidad judía el nombre indica la identidad y la misión de una persona. El nuevo nombre da a conocer, revela, una identidad y una misión nuevas (cf Gén 17,5: Abram-Abraham; 35,10: Jacob-Israel). Con el cambio de nombre Jesús anuncia a Pedro que él será la roca sobre la que edificará la Iglesia (v. 18a). Pedro quedará así constituido como la piedra de cimiento sobre la que se asentará la Iglesia, nuevo Israel de Dios. Edificada sobre roca de Pedro, la Iglesia tiene la garantía de la perdurabilidad.

El segundo anuncio con la consiguiente promesa es, en relación con su perdurabilidad, que la Iglesia no tiene nada que temer, pues «las puertas del Hades», es decir, del Infierno, como imagen del poder del Maligno, no la derrotarán (v.18b). La Iglesia cuenta con la asistencia de Jesús que la protegerá de ser destruida (cf Mt 28,20: «Sabed que yo estoy con vosotros hasta el final de los tiempos»). A lo largo de la historia se han confirmado las palabras de Jesús. Muchos imperios y poderes han pretendido aniquilarla y no lo han conseguido. In petra Petri Ecclesia, sponsa Christi, durabit in aeternum, «en la roca de Pedro la Iglesia, esposa de Cristo, permanecerá para siempre».

El tercer anuncio con su promesa consiste en el don de las llaves del Reino de los cielos (v. 19a). Dar las llaves a alguien es una imagen que aparece en el Antiguo Testamento (cf Is 22,15-25) como un gesto que muestra la confianza que el señor pone en su siervo al darle la autoridad sobre su casa, pero a la vez se destaca la responsabilidad que el siervo adquiere ante su señor guardándole fidelidad. La imagen de las llaves facilita comprender que el Reino de los cielos es una casa o un palacio en el que se celebra una fiesta de bodas (cf Mt 22,1-14). A Pedro se le ha confiado la autoridad de abrir sus puertas a quien considera digno de entrar y la de cerrarlas a quien considera que no lo es.

La expresión «atar» y «desatar» (en arameo hay un juego de palabras entre los verbos ’asar y shera’), que ya había aparecido en Mt 18,18, se usaba en el ámbito de la autoridad de los rabinos para tomar la decisión disciplinar de la excomunión a la que se condenaba (atar) o de la que se absolvía (desatar) a alguien. Más tarde, se usó en el ámbito de las decisiones doctrinales o jurídicas para prohibir (atar) o permitir (desatar) algo (jBerajot II,5b). Jesús concede a Pedro que tendrá la autoridad para que lo que ate (prohíba) o desate (permita) en materia doctrinal o disciplinar será atado o desatado en el cielo, usando la fórmula de la pasiva divina para afirmar que Dios ratificará lo que Pedro decida. La decisión de Pedro es la decisión de Dios.

d) La prohibición de desvelar su mesianismo (v. 20)
Tras el diálogo con Pedro Jesús se dirige a todos con la prohibición expresa de que no den a conocer su identidad como Mesías. Esta decisión de Jesús responde sin duda al deseo de evitar que la gente se hiciera una idea errónea de su mesianismo, como había sucedido con ocasión de la multiplicación de los panes, cuando pretendieron hacerle rey (cf Jn 6,15). Jesús no es un Mesías político como podían esperar muchos, sino el Hijo del hombre, el Siervo, que ha venido para servir y entregar su vida (cf Mc 20,45). Y la entregará en la cruz en un gesto extremo de amor (Jn 13,1).

Que María, la Virgen Desatanudos, desate cualquier nudo que pueda apartarnos del Reino de los cielos.
¡FELIZ DOMINGO!

Artículos relacionados

Domingo XX del Tiempo Ordinario

El relato se abre con la indicación de que Jesús salió de allí y se retiró hacia la región de Tiro y Sidón (v. 21). Es de notar que el verbo «salir» lo usa san Juan en su evangelio para decir que Jesús ha salido del Padre y ha venido para hacer presente el Reino de Dios entre los hombres (cf Jn 8,42; 13,3; Mc 1,38). Jesús «ha salido» para ir al encuentro de los hombres, en este caso para dirigirse a la región de Fenicia, tierra de paganos.

Domingo XVII del Tiempo Ordinario

En la parábola aparecen algunos detalles desconcertantes por parte del que encuentra el tesoro. Si el hombre encuentra el tesoro, ¿por qué lo entierra para ir a vender todo lo que tiene y comprarlo? ¿No era más lógico llevárselo sin más, pues le pertenecería? Actuando como lo hace, ¿no hacía un negocio ruinoso? Todos esos detalles que muestran un comportamiento tan extraño se explican si se tienen en cuenta algunos aspectos de las costumbres y del derecho de la Palestina del tiempo de Jesús.

Política de privacidad

En cumplimiento del Capítulo II de la ley 34/2002, LSSICE y del Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de los mismos, (RGPD), la presente página web es propiedad de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, domiciliada en la calle San Bernardo 103, 28015 Madrid, y con CIF R2800454G, con teléfono de contacto 91.593.82.45 y correo virgendelosdolores@archimadrid.es.

En la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores aplicamos las medidas de seguridad necesarias para evitar la alteración, pérdida, tratamiento o acceso no autorizado de los datos personales, habida cuenta en todo momento del estado de la tecnología, así como para proteger sus datos y guardar total confidencialidad.

El usuario se hace responsable de la veracidad de la información que nos proporcione, así como de su actualización. Igualmente, será responsable de cualquier daño o perjuicio que pudiera derivarse como consecuencia de que los datos facilitados sean falsos, inexactos o no se encuentren actualizados.

Tal como exige la normativa vigente de protección de datos, le informamos de:

Finalidad del tratamiento

Al solicitar información a través del formulario de contacto, la Parroquia utilizará tus datos para responder a tu consulta; en este formulario solicitamos: nombre y apellidos, correo electrónico y, de forma opcional para facilitar la comunicación, un número de teléfono.

Legitimidad del tratamiento

Como usuario de nuestra web, mediante la marcación de la casilla que figura en el formulario de contacto, nos autorizas a que te remitamos las comunicaciones necesarias para dar respuesta a la consulta o solicitud de información que nos planteas en el formulario.

Tiempos de conservación de datos

Los datos de las consultas que recibamos a través del formulario se conservarán solamente el tiempo necesario para dar respuesta a la consulta planteada.

Destinatarios

Tus datos personales recopilados en el formulario de contacto no serán cedidos a ninguna entidad. En el caso de que, en algún supuesto, necesitemos dar a conocer su información personal a otras entidades, te solicitaremos previamente tu permiso a través de opciones claras que te permitirán decidir a este respecto.

Derechos de los usuarios

Puedes ejercer tus derechos de acceso, modificación, supresión y oposición de sus datos, así como ejercitar los derechos de limitación y portabilidad y otros derechos, enviando un escrito al correo electrónico virgendelosdolores@archimadrid.es, o mediante correo postal a la dirección arriba indicada, adjuntando fotocopia del DNI o pasaporte, poniendo como asunto “Protección de datos”.

También tienes derecho a presentar una reclamación ante la autoridad de control, la Agencia Española de Protección de Datos, a través de alguno de los medios siguientes:

Actualizaciones

La Parroquia Nuestra Señora de los Dolores se reserva el derecho a modificar la presente política para adaptarla a novedades legislativas o jurisprudenciales que puedan afectar al cumplimiento de la misma.